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Dr. Carlos Raitzin
Una cuestión de especial interés relacionada con la
Orden del Temple son sus filiaciones u Ordenes
derivadas de carácter
laico o seglar. Se poseen evidencias de que al menos
una de estas filiaciones existía ya bastante antes
del infame proceso al que fue sometido el Temple y
de la pérdida del carácter canónico de la Orden, lo
que tuvo lugar en 1312. Esta filiación a la que
aludimos es la Orden de los Fedeli d'Amore (Fieles
de amor), a veces designada también con el nombre de
la doctrina iniciática por ella transmitida: la Fede
Santa.
No
parece caber duda razonable de que el nombre de
Fedeli d'Amore provenía directamente del famoso
grito de guerra de los caballeros templarios cuando
estos se lanzaban al combate con valor insuperable.
Ese grito era: ¡Viva Dios, Santo Amor!
Por otra parte es bien conocida la pertenencia de
Dante Alighieri, con dignidad de Gran Maestre y otro
tanto corresponde afirmar del pintor Pedro de Pisa.
Pero no fueron ellos los dos únicos talentos sino
que asombra aún hoy la pléyade de grandes figuras de
la literatura italiana que revistaron entre los
Fedeli d'Amore. Baste mencionar a Bocaccio, Petrarca,
Andreas Cappelanus, el cardenal Francesco da
Barberino, Cavalcanti, Dino Compagni como también
Brunetto Latini, autor bien conocido de dos obras,
el "Tesoro" y el "Tesorillo" a quién después nos
referiremos. Incuestionablemente los Fedeli d'Amore
poseían una transmisión iniciática y una corriente
doctrinal esotérica propia en su forma externa, de
indudable origen templario en lo inmediato pero
ismailita (Orden de los Haschischin) en lo mediato.
Esta doctrina, precisamente por ser iniciática, era
suprarreligiosa y no podía de ninguna manera ser
encuadrada en los canones del cristianismo, ni
siquiera como una heterodoxia.
Es
necesario recalcar aquí una vez más que lo
auténticamente iniciático y tradicional tiene su
lugar propio en un plano espiritual-intelectual más
elevado que lo religioso, entendiendo esto último
tanto en el aspecto dogmático como devocional.
Recordemos que lo religioso es, por excelencia,
esencialmente pasivo y funciona exclusivamente a
nivel de consuelo y soporte emocional. Lo iniciático,
por el contrario, corresponde al modo activo de
desenvolvimiento espiritual empleando técnicas
propias y distintivas que son las disciplinas de
esta vía. Por ello ambos caminos no pueden, en
rigor, encontrarse ni coexistir, siendo
esencialmente incompatibles tanto por una cuestión
de nivel espiritual como por otra de índole
metodológica. Además, y esto es básico, la vía
iniciática está ante todo caracterizada por la
transmisión espiritual que se denomina,
precisamente, iniciación. No existe contrapartida o
análogo de la iniciación en el campo religioso, a
despecho de lo que han pretendido algunos autores
desencaminados y confundidos, tales como Frithiof
Schuon. Bien entendido, todo aquello de naturaleza
devocional, tal como oración, éxtasis místico,
mortificación ascética y limosna caritativa no
tienen absolutamente nada que ver con la vía
iniciática, correspondiendo sin excepción y
exclusivamente a un nivel muy inferior de cosas que
es, por supuesto, el religioso.
Esto aquí enunciado es muy simple de entender para
quién posee las necesarias aptitudes y
cualificaciones para emprender verdaderamente la vía
iniciática pero no resulta por cierto cosa simple
para la inmensa mayoría de las personas. De hecho,
se requirió mucho tiempo para llegar a clarificar
las ideas hasta este punto. Y por supuesto, durante
muchos siglos quiénes recorrían la vía iniciática
seguían (y generalmente siguen hasta hoy en día)
añadiéndole elementos superfluos de tipo religioso
con todos los perjuicios que ello implica:
dogmatismo fanático, sectarismo, pérdida de
universalidad y de fraternidad. Por supuesto, tales
actitudes provienen de una incomprensión profunda de
la naturaleza de lo iniciático, cuyo
desenvolvimiento tiene lugar en el plano de la
experiencia metafísica a nivel totalmente
suprapersonal. Pero, por supuesto, quién jamás ha
atravesado por tales experiencias inefables y, por
ende, posee solo una idea muy vaga y remota de la
naturaleza de éstas, mal puede comprender porqué
debe desembarazarse de lo religioso para alcanzar
algo ciertamente más elevado en lo que hace tanto a
la vivencia interior como al Conocimiento del Ser.
Naturalmente todas estas dificultades provienen del
hecho que normalmente se inicia a personas que no
poseen, ni aún en grado ínfimo, las mínimas
condiciones que las harían aptas para tal vía de
realización espiritual. Y lo que aún es más grave,
llegan a la Iniciación cargados de ideas absurdas y
concepciones erróneas que generalmente toman del
"saber" profano como del dogmatismo religioso y que
luego les resultan muy difíciles de olvidar.
Pues bien, en los Fedeli d'Amore se daban en buena
medida hechos de la naturaleza mencionada. Lo
genuinamente esotérico e iniciático se revestía una
y otra vez con un ropaje demasiado marcado por la
ignorancia, el fanatismo y la superstición propias
de lo típicamente religioso.
Otras veces, el temor a la Inquisición y a los
güelfos hacía que ese ropaje religioso, con todos
sus absurdos y limitaciones, fuera adoptado
deliberadamente. Y así nació incluso un lenguaje
secreto de los Fedeli d'Amore por demás interesante
y del que nos ocuparemos más adelante.
Un tema de tanto interés como los Fedeli d'Amore no
podía escapar a la atención de los especialistas
tanto del campo esotérico como historiadores. Y así
fue como hombres de la talla de René Guénon, Julius
Evola, G. Rosetti, Luigi Valli, A. Ricolfi y Arthur
Schult (para mencionar solamente a algunos de los
más conspicuos) le han dedicado a esta Orden
considerable esfuerzo. Hoy volcaremos en esta
exposición algunos de los resultados por ellos
obtenidos.
Veamos algunos hechos de interés al respecto. En el
museo de Vienne, junto al Ródano, se conservan dos
medallas con la imagen de Dante Alighieri y del ya
mencionado pintor Pedro de Pisa y en las que se leen
las letras FSKIPFT.
El observador
desprevenido podría fácilmente pensar que tales
letras son simplemente las iniciales de las
denominadas virtudes teologales: Fe, Esperanza y
Caridad junto con las correspondientes a las
virtudes cardinales: Prudencia, Justicia, Fortaleza
y Templanza. Pero un instante de reflexión basta
para comprender que no era posible que hombres de
exquisita ilustración como los nombrados admitieran
o cometieran el burdo error de escribir en latín
"caridad" (charitas) con K. La cuestión se aclaró
por obra de Aroux, quién señaló que en realidad se
trataba de una sigla que hacía a una cuestión
absolutamente específica de la Orden de los Fedeli
d'Amore. René Guénon pudo rectificar un error de
Aroux y finalmente se llegó a la solución del
enigma. Las letras mencionadas son las iniciales de
"Fidei Sanctae Kadosch, Imperialis Principatus,
Frater Templaris" o sea "Consagrado de la Fe Santa,
Príncipe Imperial, Hermano Templario". Como el mismo
René Guénon señala, la denominación de Kadosch
(Consagrado o Santo) es una palabra que se emplea
hasta hoy en conexión con el Grado 30 de la
Masonería, Grado que es templario por excelencia. La
denominación de Príncipe Imperial sin duda hay que
vincularla a la marcadísima orientación gibelina de
la Orden, es decir una actitud de total apoyo al
Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico en
enfrentamiento con el poder temporal usurpado por la
Iglesia Católica.
Pero lo que merece
una aclaración más detallada es lo de Fidel Sancta
(o Fede Santa en italiano) la que no guarda relación
con el dogmatismo y creencias de ningún credo
religioso corriente y esotérico.
De hecho, hay
buenas razones par pensar con Guénon que la Fede
Santa, filiación templaria laica o secular, era en
tiempos de Dante algo que en alguna medida se
asemejaba a lo que más tarde se conoció como
"Fraternidad de la Rosa-Cruz", si es que esta misma
no se originó directamente de ella. Para aclarar un
malentendido frecuente aclaremos desde ya que los
miembros de la Fede Santa se autodesignaban como
Fedeli d'Amore, nombre con el que luego llegó a
designarse a la misma Orden. El simbolismo básico
era de naturaleza astrosófica, similar por una parte
al que los Templarios habían tomado de los cátaros.
Sin entrar en detalles que no corresponden aquí,
digamos que este simbolismo hace referencia al
Trivium y al Cuadrivium es decir a las "siete artes
liberales": Gramática, Lógica, Retórica, Geometría,
Astronomía, Aritmética y Música. Naturalmente estas
disciplinas eran encaradas en la Orden desde un
enfoque sapiencial e iniciático, más elevado en
espíritu y contenido que el saber profano.
Naturalmente esto tiene amplia relación con las
esferas o cielos planetarios a los que hace amplia
alusión el Dante en la "Divina Comedia". Sin
embargo, en cuanto a la estructura de grados, o sea
la jerarquía iniciática interna, los Fedeli d'Amore
se apartaban de la estructuración en siete grados de
la Orden del Temple, que se conserva hasta el día de
hoy. Esta estructura de siete grados se originó al
parecer en la Orden de los Haschischin. Vale la pena
señalar esto, mencionando de paso que existen
distintos trabajos sobre las analogías entre ambas
Ordenes. Volveremos luego al respecto pero señalemos
desde ya que la estructuración de la Fede Santa se
hacía en base a un sistema de cuatro grados que
enseguida analizaremos. Conviene de paso recordar
que otra de las autodenominaciones que se daban los
Fideli era en base a la palabra Merzé o Mercé
(regalo, gracia, merced) y que aún hoy un alto grado
masónico, lamentablemente caído en desuso, pretende
tener un origen o filiación hermético-templario.
Este grado, aparentemente vinculado al menos en su
simbolismo, con la Fede Santa es el de los
"Príncipes de Mercy". Pues bien, lo notable es que
la mejor fuente para conocer a fondo el simbolismo y
ritual de los Fedeli d'Amore es una obra del Dante:
la "Vita Nuova". Desde luego el profano que la lee
sin cuidado ni advertencia nada podrá captar ni
entender.
Pero el iniciado no podrá dejar de detenerse en
detalles que pronto la revelarán la clave de toda la
obra. Esta es genuinamente iniciática pero su
valoración exige precisamente que pongamos en
práctica el consejo del propio Dante en la "Divina
Comedia":
"O voi ch'avete
li'ntelleti sani, mirate la dottrina
che s'asconde sotto
'l velame de li versi strani".
(Inferno, IX, 61-63).
Y las sorpresas con la "Vita Nuova" comienzan desde
la primera página, pues allí dice Dante algo
preciso, inconfundible que constituye, por
excelencia, una alta verdad en el orden iniciático y
metafísico:
"In quel punto
dico veracemente che lo spirito
della vita, lo quale
dimora nella segretissima camera
del cuore..."
Aquí el esoterismo se vuelve transparente en una
alusión directa a la presencia divina (átmica) en la
cámara etérica del corazón de todos los seres. Dios
está en nosotros mismos: para buscarle y hallarle no
hacen falta enviados ni vicedioses. Naturalmente que
Dante no pudo continuar en esa obra siendo tan
explícito: hubiera terminado en las garras de los
fanáticos. Esta es la causa determinante de que
emplee una y otra vez una terminología secreta que
es precisamente ese lenguaje en clave de los Fedeli
d'Amore al que hacíamos referencia antes. Así, por
ejemplo, una y otra vez el Dante habla de "corazón
gentil" para dar a entender un corazón purificado de
las pasiones propias de la naturaleza inferior del
ser humano. El viento tenía para los miembros de
aquella Orden el mismo sentido que tiene hoy la
palabra "lluvia" para los masones: no hablar pues
hay profanos que escuchan. Todas estas medidas de
prudencia eran, como se dijo, impuestas por el
fanatismo e intolerancia de la secta católica. Y
reiteramos esto pues únicamente una religión
corriente y exotérica puede ser sectaria (sectare:
cortar, dividir) ya que separa y divide a sus
seguidores de los que no tienen las mismas
creencias.
En el nivel iniciático no puede haber sectas, pues
toda genuina fraternidad esotérica practica el
universalismo y postula la unidad,, trascendiendo
así toda posible división real o ficticia entre los
seres humanos.
Decíamos que la "Vita Nuova" constituye una
verdadera síntesis a nivel ritualístico y simbólico
de la "Fede Santa", bajo las apariencias de canto a
un amor sublime pero profano. Ciertamente sería muy
ingenuo querer ver aquí un reflejo del amor del
poeta por Beatriz, o sea Bice Portinari, una joven
que conoció Dante a temprana edad. La obra tiene por
cierto fines mucho más elevados y Beatriz, tanto
aquí como en la "Divina Comedia" es un símbolo de la
Sophia, la Sabiduría Divina de naturaleza
trascendente y, por supuesto, ubicada mucho más allá
de todos los dogmatismos sectarios e idólatras. Las
investigaciones de los autores ya citados han
permitido poner en claro que los cuatro primeros
capítulos de la "Vita Nuova" corresponden al Primer
Grado de la Fede Santa, denominado FEIGNAIRE o
Aspirante. Los capítulos 5 a 13 se refieren al
segundo Grado, PREGNAIRE o Postulante. En los
capítulos 14 a 17 se velan simbólicamente ritual y
doctrina del Tercer Grado, ENTENDEIRE u Oyente.
Finalmente los capítulos 22 a 29 se centran en el
Cuarto y último Grado, SERVUS o Servidor.
Los capítulos 30 a
34 inclusive narran las experiencias espirituales
subsiguientes a la Iniciación entre los miembros de
la Orden. Los capítulos 35 a 39 están dedicados a
narrar los afanes del iniciado al retornar a la vida
cotidiana. El final feliz se reserva para los
capítulos 40 a 42 que constituyen un cántico
espiritual de gran elevación.
Resulta de interés señalar que Dante fue iniciado en
el Primer Grado de los Fedeli d'Amore alrededor de
1290. Su iniciador fue un eminente filósofo y
erudito de la época, de nombre Brunetto Latini
(1230, circa 1294), muy respetado y querido por
Dante. El gran florentino se inspiró visiblemente al
escribir el Canto Primero del Infierno en el "Tesoretto"
de Latini, obra de neta inspiración_ templaria
escrita en italiano a modo de resumen de una obra
anterior en francés, el: "Trésor" del mismo autor.
Y entramos ahora a considerar brevemente la obra
cumbre de toda la literatura italiana: la "Divina
Commmedia". Obsérvese que este título del poema
dantesco y que ha perdurado, le fue dado por
Bocaccio. Dante murió dejando innominada su obra
maestra. En su obra capital Dante vuelca lo más
elevado de la gnosis templaria en forma recóndita,
cifrada en símbolos y velada por alegorías. Y
nuevamente aparece aquí patente su filiación
templaria, pues tras haber sido guiado en el poema
por Virgilio y por Beatriz es Bernardo de Clairvaux,
fundador del Temple e inspirador de su Regla, quién
lo conduce a los planos de más elevada
espiritualidad, hasta llegar al "Amor que mueve al
Sol y a las estrellas", donde culmina y finaliza el
poema.
Respecto
de los trece Cantos finales de la "Divina Commedia"
vale tal vez la pena hacer la acotación siguiente.
Dante murió en Ravenna en 1321. Los últimos trece
cantos del Paraíso, precisamente aquellos en los que
él había cifrado hábilmente lo más elevado de la
doctrina esotérica del Temple y de los Fedeli
d'Amore, no pensaba su autor publicarlos puesto que
ello resultaba peligroso. Y así fue que los escondió
en un hueco de la pared de su casa, hábilmente
disimulado por una estera de paja. Aún cuando aquí
no vamos a elucidar cual es esa doctrina vale la
pena releer entre líneas esos Cantos pues ello puede
conducir a hallazgos de mucha importancia.
Muerto el gran florentino, sus hijos y amigos
pensaron que su obra maestra había quedado trunca.
En efecto, como el Infierno consta de una
Introducción y treinta y tres cantos y otros treinta
y tres tiene el Purgatorio, era lógico esperar otros
tanto como extensión del Paraíso. Cuenta Bocaccio en
su "Vida del Dante" que esta historia tuvo un final
tan feliz como sorprendente. Ocho meses después de
muerto Dante, un discípulo suyo por largos años, de
nombre Piero Ravignani, soñó con el poeta. El gran
gibelino apareció en ese sueño vestido con túnica
blanca e irradiando toda su figura un halo de luz, a
modo de un auténtico Iniciado que era. En el sueño
su discípulo le preguntó si estaba vivo a lo cual
Dante respondió que en efecto él vivía pero la
verdadera vida, no la nuestra terrenal y miserable.
Al interrogarle de nuevo el discípulo, esta vez
acerca de si su grandioso poema había sido
concluido, Dante respondió de nuevo afirmativamente
y en el sueño le condujo hasta el hueco antes
mencionad en la pared de la que había sido su casa
en vida, diciéndole que allí se hallaba lo que tanto
se había buscado. Tras esto se desvaneció la imagen
del poeta, despertó el discípulo y corrió en el acto
hasta la casa de Jacopo Alighieri, hijo del gran
florentino y que moraba en la que había sido casa
del Dante.
Le cuenta su sueño y juntos
corren a la pared de marras. Allí, tras la estera se
hallaba el hueco del que extraen, terriblemente
emocionados, los manuscritos a los Cantos faltantes
del Paraíso, a los que la humedad ya comenzaba a
deteriorar. Así se pudo disponer del texto completo
de la "Divina Commedia" que nos ha llegado hasta hoy
íntegra a pesar de que en diversas oportunidades la
Inquisición pensó en destruirla. En particular, en
la España del siglo XVII fueron quemados numerosos
ejemplares por los siempre activos representantes de
la intolerancia y el fanatismo ignorante.
El tema central del esoterismo de Dante es el Amor
divino como medio para alcanzar la Sophia, la divina
Sabiduría que se halla más allá de todas las
creencias y dogmas. Y esta Sophia es el tema clave
de todo el esoterismo gnóstico, incluyendo aquí no
sólo a los Templarios y a los Fedeli d'Amore sino
también a los cátaros, para no mencionar ahora sino
corrientes iniciáticas occidentales. No cabe duda de
que el catarismo y el templarismo mantuvieron
relaciones muy estrechas, lo que se torna evidente
al examinar ciertos ritos en los altos grados de la
Orden del Temple. Y en cuanto a la Sophia o Divina
Sabiduría, vale la pena recordar aquí lo señalado
por el Dr. Hugh Schonfield, quien ha analizado en
sus obras el código cifrado "Atbash", basado en la
permutación de letras y que empleaban tanto los
esenios como los sadoquitas y nazareos para hacer
ininteligibles sus textos. De acuerdo al Dr.
Schonfield al aplicarle esta clave criptográfica a
la palabra "Baphomet" ésta se transforma en "Sophia",
lo que resulta por lo menos muy sugestivo (C.f.r.
Lincoln-Baigent-Leigh: "El Legado Mesiánico"). No
cabe duda de que los Templarios tuvieron muy
estrechos contactos con diversas agrupaciones
iniciáticas en Tierra Santa y ésta podría ser una
prueba más al respecto. En diversos trabajos se ha
mencionado la evidente analogía entre los colores
rojo y blanco usados en su vestimenta tanto por los
ismailitas haschischin como por los Templarios, es
decir que las dos Ordenes que reclamaban para sí el
título de "Guardianes de Tierra Santa". Esta
analogía en realidad va más lejos aún pues estos
colores aparecen también en combinación con el negro
como fundamentales en Alquimia.
Notablemente blanco y rojo son también los colores
tanto de "Conduiramour" como de Beatriz, siendo la
primera para Parsifal lo que es Beatriz para el
Dante. Naturalmente hay que remitir aquí a la obra
de Wolfram von Eschenbach... y recordar que la
Tradición Iniciática es una y universal.
A esta altura ya es menester, para concluir, señalar
algunos puntos más que hacen directamente a aspectos
doctrinales de la Fede Santa. Resulta muy
ilustrativa al respecto la obra "Documenti d'Amore"
del cardenal Francesco da Barberino (nacido circa
1597). Este libro ostenta en su portada la imagen de
un guerrero espada en mano. De la boca de éste sale
una inscripción que es la siguiente:
"Yo soy la fuerza y
miro si viniera
alguno que este libro
abrir quisiera;
y si no fuese el de
tener derecho
con esta espada le
atravieso el pecho".
Resulta innecesario aclarar que este Cardenal era
miembro de la Orden. La cuarteta anterior se refiere
bien claramente a la absoluta necesidad de guardar
los tesoros espirituales para quiénes sean realmente
dignos de ellos. Una nueva y sabia indicación de que
jamás debe iniciarse a profanos que no posean altas
condiciones y virtudes (alejando al "vulgo ingrato"
del que hablaba Dante o sea la chusma desagradable)
la da el mismo da Barberino con aquello de "temere
della gente grossa" (o sea de los ignorantes) y
añade luego el mismo autor: "Digo y declaro que
todas las obras hechas por muy referentes al Amor
las entiendo en un sentido espiritual, pero no todas
pueden ser comprendidas por todos". Y en otra obra
emanada de la Orden, el "Jugement d'Amour" se hace
referencia a los "Misterios de Amor" que no se
pueden comunicar a los viles, a los indiscretos y a
las personas vulgares.
Lo notable es que
todo el disimulo empleado en sus obras en relación a
temas iniciáticos, Dante lo perdía de golpe al pasar
a ocuparse, incluso en las mismas obras suyas, de
temas más profanos. Así por ejemplo, cuando en el
Canto XXXI del Purgatorio hace referencia a la
nefasta alianza entre la Iglesia y el rey de
Francia, Philippe le Bel para destruir a la Orden
del Temple, él afirma sin vacilar:
"Sicura, quasi roca
in alto monte
seder sovr'esso una
putana sciolta
m'apparve con le
ciglia intorno pronte.
E come perché non li
fosse tolta
vidi di costa a lei
dritto un gigante
e baciavansi insieme
alcuna volta".
En la traducción del Prof. Battistessa estos versos
del Purgatorio quedan así:
Segura cual
castillo en alto monte
divisé allí, sentada,
a una ramera
medio desnuda, pronta
a hacer guiñadas.
Y como porque no se
la quitaran
Un gigante vi erguido
frente a ella,
Y así de vez en
cuando se besaban.
Cabe aclarar que aquí el poeta con el gigante alude
a Philippe le Bel, el rey de Francia (era muy alto
como todos los hombres en su familia). La "putana" o
prostituta simboliza a la Iglesia Católica. Aquí
Dante se inspira claramente en el Apocalipsis XVII,
en cuanto este texto se refiere a la prostituta de
la ciudad de las siete colinas que ha fornicado con
todos los poderosos de la Tierra, y los habitantes
de la Tierra se embriagaron con el vino de su
prostitución.
Y nosotros agregamos: a confesión de partes, relevo
de pruebas. Pero, sin duda era grande la justa
indignación de Dante al asistir a un hecho tan
inicuo como la destrucción del Temple. El corrió a
París a comienzos de 1310, tan pronto comenzó la
parodia de juicio a los Caballeros Templarios y
permaneció allí hasta 1312, sin que ninguna razón
profana le obligara ni a tal viaje ni a tal
prolongada estadía. Cabe suponer, con buenos
fundamentos, que si acudió a París fue simplemente
para hacer cuanto estuviera a su alcance para salvar
a los Caballeros, sus Hermanos, del tormento y de la
hoguera.
Tiempos muy duros fueron esos para el Temple y sus
Ordenes filiales, tiempos en que se debían redoblar
las precauciones para no caer como víctima de la
vorágine del fanatismo ignorante. Por ello tantas
precauciones, tanto secreto, tanta clave esotérica.
Y así, a nivel de síntesis final, demos para
facilitar la lectura de la obra del florentino desde
el punto de vista esotérico, un breve glosario:
Amore:
nostalgia y deseo de la unión con Dios.
Pietá: Iglesia espiritual o sea los Misterios
Iniciáticos.
Violenza e Forza: El Papa y el clero romano.
Morte e crudeltá: Inquisición Romana.
Beatrice: ecclesia spiritualis, Sophia; Divina
Sabiduría.
Beatrice es la
antítesis de la
Prostituta: ecclesia
carnalis, Iglesia Católica.
VELTRO (el lebrel): Es el VangELo eTeRnO (observar
las mayúsculas) tal como sospechó Giovanni Papini
pero con referencia a la Sophia y a la Iglesia
Johannita (basada en el evangelio de San Juan) y no
en las doctrinas de Gioacchino da Fiori y Gerardo de
San Donnino, como conjeturaba Papini.
La
tiranía del espacio nos impide entrar aquí en otros
aspectos fundamentales del esoterismo dantesco tales
como la influencia que tuvieron en el gran
florentino los maestros espirituales islámicos y los
esquemas astrosóficos que se observan en la "Divina
Comedia". Desarrollaremos estos temas en otros
trabajos, siguiendo los esfuerzos colosales de
Miguel Asín Palacios y de Georg Rabuse, cuyas obras
mucho han contribuido a clarificar esta cuestión.
Desde luego esto reabre la vieja cuestión acerca de
la muy probable iniciación recibida por los
Caballeros Templarios por parte de esoteristas
islámicos. Esta exposición no estará completa si no
mencionamos brevemente dos grupos de hechos
fundamentales que no pueden deberse al azar en modo
alguno. En primer lugar el viaje poético de Dante
por el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso está
calcado aun en detalles menores sobre el viaje
nocturno de Mahoma descripto en el Al-Coran y en
otros modelos de la literatura espiritual islámica.
De esto se ocupa extensamente Miguel Asín Palacios
en su famosa obra "La escatología musulmana en la
Divina Comedia", reeditado por Hiperión, Madrid,
1984. Más sugestivas aún son las repetidas citas por
parte del Dante del más grande de los maestros
espirituales del Islam, el murciano Mohyiddin Ibn `Arabi
sin citar jamás la fuente. Como señala Guénon
mismo si Dante conoció la obra de Ibn 'Arabi de
fuentes profanas porque lo ocultaba, máxime cuando
no tiene inconveniente en citar a otros filósofos
islámicos como ser Avicena y Averroes.
Remito para mayores
detalles a la obra clásica de René Guénon "L'
ésotérisme de Dante", Gallimard, París, 1957.
El otro grupo de
hechos que se conecta estrechamente con lo dicho son
los vínculos indudables que existieron entre el
Temple y la secta islámica de los haschischin (mal
traducido por asesinos o por "gente del haschisch").
De hecho haschischin solo puede traducirse como
"Guardianes de Tierra Santa" es decir exactamente el
que los Templarios daban a su propia Orden. Esto ha
sido señalado por Guénon y por J.H. Pronst-Biraben
"Los Misterios de los Templarios". Las similitudes
de ambas órdenes iban mucho más lejos pues sus
estructuras jerárquicas, pasando incluso por la
adopción de los mismos colores (blanco y rojo) de
una y otra. De hecho es sabido que Templarios y
haschischin tomaron contacto en Siria antes de 1128,
año de la redacción de la Regla del Temple.
Los hechos anteriores llevan a sospechar que nos
hallamos frente a una corriente iniciática
subterránea con indudable origen en el Islam. De
esta lo que se ha hecho público solo lo fue en forma
velada a través de los escritos de los Fedeli d'
Amore. En realidad existen otros hechos contundentes
del más alto interés pero es suficiente con lo que
aquí ha sido expuesto. Concluyamos pues esta
exposición y justifiquemos este silencio nuestro con
palabras de otro miembro de la Fede Santa, Andreas
Cappelanus, en su obra "Liber de arte amandi":
QUIEN
NO SABE CALLAR
NO
SABE AMAR |