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El texto que
presentamos a continuación, se utiliza
frecuentemente como ejemplo en cuanto a la
descripción cualidades y uso del tan enigmático
Fuego Filosófico. Es un tratado admirable donde
destaca no tanto lo que el fuego es como lo que dice
acerca de lo que no es.
En muchos tratados,
discursos y escritos vemos con frecuencia que se
habla mas de Dios como lo que no es que describiendo
sus cualidades y lo que sí es. ¿cómo no aplicarlo al
Fuego del Arte teniendo en cuenta que proviene
directamente del Padre de las Luces?. Es un fuego
espiritual absolutamente benevolente en su
actuación, no tiránico ni destructor sino, más bien,
transmutador en cuanto que elimina por sí solo, como
advierte Pontano, los superfluo para permitir que lo
esencial, por así decirlo, salga a la luz.
La Naturaleza, como
hemos referido anteriormente, es simple y sencilla
en sus operaciones y el sus fuegos son igual que
ella. Es por esto que el Filósofo que quiera
seguirla en su noble caminar haría bien en no echar
a volar la imaginación y seguir esta vía simple pero
poderosa que permite dejar a un lado lo sutil y
utilizar lo sencillo.
Pontano, no solo nos
habla del Fuego sino que además promete que va a
declararnos además “....la completa realización
de toda la Obra”, se entiende, de Su Obra, es
decir, la que aplica Su Fuego.
No nos extenderemos
más en esta breve presentación. El lector que quiera
profundizar algo más puede dirigirse al breve
artículo que dedicamos al Fuego de los Filósofos
(ver Revista Hermética nº........) y, si así lo
quiere, compararlo y completarlo con este Tratado de
modo que como dice Pontano al final del mismo, “Si
piensas muy profundamente en las propiedades de este
fuego antes descrito, lo conocerás, pero de otro
modo, no”.
Esperamos y deseamos
que el curioso lector, con su atento pensamiento
depositado cuidadosamente sobre un agradable calor
puede ser capaz de ver este Fuego de forma natural,
sin artificios ni añadidos extraños.
Ateneo del Valle.
EPÍSTOLA
DEL FUEGO FILOSÓFICO
Juan
Pontano
Yo, Juan Pontano, he visitado múltiples regiones y
reinos, a fin de conocer verdaderamente qué es la
Piedra de los Filósofos, y después de haber
recorrido los confines del mundo sólo he encontrado
falsos Filósofos y farsantes. Sin embargo, por un
continuo estudio de los libros de los Sabios,
aumentándose mis dudas, he encontrado la verdad.
Pero aún conociendo la materia he errado doscientas
veces antes de poder encontrar la operación práctica
de esta verdadera materia.
Primero, empecé mis
operaciones por las putrefacciones del Cuerpo de
esta materia durante nueve meses y no encontré nada.
Durante algún tiempo la puse al baño maría y del
mismo modo erré.
La mantuve y puse en
un fuego de calcinación durante tres meses, y operé
mal. Intenté y probé todos los géneros y modos de
destilaciones y sublimaciones, según lo que los
Filósofos dicen o parecen decir, por ejemplo Geber,
Arquelao y casi todos los demás y tampoco encontré
nada.
Por último, intenté
alcanzar y perfeccionar el objeto de todo el Arte de
Alquimia, de todas las maneras imaginables: por el
estiércol, el baño, las cenizas y por otros mil
géneros de fuego que los Filósofos mencionan en sus
libros; pero no descubrí nada válido.
Por lo cual, durante
tres años seguidos estudié los libros de los
Filósofos, sobre todo el único Hermes, cuyas breves
palabras [se refiere aquí a la Tabla de Esmeralda]
comprenden todo el magisterio de la Piedra, aunque
hable de un modo muy obscuro de las cosas superiores
e inferiores, del Cielo y de la Tierra.
Por lo tanto, toda
nuestra aplicación y nuestros cuidados sólo deben
estar dirigidos hacia el conocimiento de la
verdadera práctica, en la primera, segunda y tercera
Obra.
No se trata del fuego
de baño, de estiércol, de cenizas ni ninguno de los
otros fuegos que nos evocan y describen los
filósofos en sus libros.
Entonces, ¿cuál es
aquél fuego que perfecciona y acaba la Obra entera
desde el principio hasta el final? Ciertamente,
todos los Filósofos lo han ocultado, pero yo,
conmovido por un impulso de misericordia, quiero
declararlo junto con la completa realización de toda
la Obra.
La Piedra de los
Filósofos es única y es una, pero oculta y envuelta
en la multiplicidad de distintos nombres y antes de
que puedas conocerla pasarás muchas fatigas;
difícilmente la encontrarás por tu propio ingenio.
Es acuosa, aérea, ígnea, terrestre, flemática,
colérica, sanguínea y melancólica. Es un azufre y
también Plata viva.
Tiene varias
superfluidades que, te lo aseguro por el Dios
viviente, se convierten por medio de nuestro fuego
en verdadera y única Esencia. Y quien, creyéndolo
necesario, separe alguna cosa del objeto, seguro que
nada sabe de Filosofía. Ya que lo superfluo, lo
sucio, lo inmundo, lo vil, lo fangoso y por lo
general toda la substancia del objeto se perfecciona
por medio de nuestro fuego en un cuerpo espiritual
fijo.
Esto, los Sabios
nunca lo han revelado, y , como consecuencia, pocas
personas llegan a este Arte, pues imaginan que algo
sucio y vil debe ser separado.
Ahora debemos
manifestar y extraer las propiedades de nuestro
fuego; si este conviene a nuestra materia tal como
lo he dicho, es decir, si es transmutado junto con
la materia. dicho fuego no quema la materia, nada
separa de ella, no divide ni aparta las partes puras
de las impuras, tal como dicen todos los Filósofos,
pero convierte todo el objeto en pureza. No sublima
a la manera de Geber, Arnaldo y todos los demás que
han hablado de sublimaciones y destilaciones. En
poco tiempo se realiza y perfecciona.
Este fuego es
mineral, invariable y continuo, no se evapora si no
es excitado en exceso; participa del azufre, es
tomado y proviene no de la materia sino de otro
lugar. Todo lo rompe, disuelve y congela, igualmente
congela y calcina; es difícil de encontrar por la
industria y por el Arte. Dicho fuego es compendio y
resumen de toda la Obra, sin tomar ninguna otra cosa
o por lo menos poco, este mismo fuego se introduce y
es de débil ignición; porque con este pequeño fuego
es realizada toda la Obra y juntas son hechas todas
las requeridas y debidas sublimaciones.
Los que lean a Geber
y todos los demás Filósofos, aunque vivieran cien
millones de años, no podrían comprenderlo, pues este
fuego sólo se puede descubrir por la única y
profunda meditación del pensamiento, después será
posible comprenderlo en los libros, y no de otra
manera.
Por lo tanto, el
error en este Arte es no encontrar este fuego, que
convierte la materia en la Piedra de los Filósofos.
Concéntrate, pues, en
este fuego, porque si yo lo hubiese encontrado en
primer lugar no hubiese errado doscientas veces
sobre la propia materia.
A causa de ello, ya
no me sorprende que tantas personas no consigan
llegar a la realización de la Obra. Yerran, erraron
y errarán siempre, en cuanto a que los Filósofos
sólo han puesto su propio agente en una sola cosa,
que Artefius ha nombrado, pero hablando sólo para sí
mismo. Si no fuese porque he leído a Artefius, lo he
oído y comprendido nunca hubiese llegado a la
realización de la Obra.
He aquí cuál es dicha
práctica: se debe tomar la materia con gran
diligencia, triturarla físicamente y colocarla en el
fuego, es decir, en el horno; pero también hay que
conocer el grado y la proporción del fuego. A saber,
es preciso que el fuego externo tan sólo excite la
materia ; en poco tiempo este fuego, sin manipularlo
para nada, ciertamente realizará toda la Obra.
Ya que putrifica,
corrompe, engendra y perfecciona la obra entera,
haciendo aparecer los tres principales colores, el
negro, el blanco y el rojo. Y mediante nuestro fuego
la medicina se multiplicará, si está conjunta con la
materia cruda, no sólo en cantidad sino también en
virtud.
Busca, pues, este
fuego con todas las fuerzas de tu espíritu y
llegarás a la meta que te has propuesto; pues él es
quien hace toda la Obra y es la llave de todos los
Filósofos, y en sus libros nunca la han revelado. Si
piensas muy profundamente en las propiedades de este
fuego antes descrito, lo conocerás, pero de otro
modo, no.
Así pues, conmovido
por un impulso de misericordia he escrito ésto, pero
para quedar satisfecho debo decir que el fuego no
está en absoluto transmutado con la materia como
dije antes. He querido decirlo y advertir a los
prudentes de estas cosas, para que no gasten
inútilmente su dinero y sepan de antemano lo que
deben buscar, por este medio llegarán a la verdad
del Arte, de otra manera, no.
A Dios.
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