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Ateneo del Valle
“Maldita
sea la tierra por tu causa” Gen. 3,17
“Todos
hablan del pecado original pero nadie recuerda la
inocencia original”
Cualquiera que se acerque al
estudio de la Alquimia encontrará entre otras muchas
definiciones que es una Ciencia que se ocupa del
estudio de la Naturaleza, mas aún, de su imitación y
fiel seguimiento para ayudarla a perfeccionar sus
creaciones y, por lo tanto, a perfeccionarse a si
misma.
Esto se hace en respuesta a la
petición que la Naturaleza formula: “Ayúdame y te
ayudaré”. La Naturaleza toda está “caída”, cayó
con nosotros; cuando Adán fue expulsado del Paraíso,
su pecado hizo que no solamente cayese él sino que
arrastró en ese descenso a toda la Naturaleza
creada, puesto que Dios dijo: “Maldita sea la tierra
por tu causa”.
Así, ese pecado original provocó
que todo lo creado, naturaleza entera y hombre,
perdiese el estado adámico original, viéndose
obligado desde ese momento a trabajar para lograr
“su sustento”, es decir, su perfección, siendo el
hombre el mediador o ayudante capacitado para
emprender tamaña tarea.
Un comentario rabínico sobre esa
frase (maldita sea la tierra por tu causa) nos
aclara: “La tierra será maldecida para tu bien”. Es
decir, que la Naturaleza no se contaminó solamente
por culpa nuestra sino que también lo hizo “por
nosotros”, para permitirnos tener un medio de
redimirnos, por nuestra causa.
¿Y cual es esa causa única según
la Alquimia?: la regeneración, la vuelta a la
Patria, al estado edénico perdido. Así, la unidad de
la materia defendida por la Alquimia cobra pleno
significado, y su trabajo y operaciones adquieren un
sentido, permítasenos decirlo, mas “útil”. No es tan
descabellado pensar que si el operador trabaja y
opera sobre esa Naturaleza, redimiéndola, logre al
mismo tiempo en cierto sentido redimirse a sí mismo.
Es un acto generoso, de entrega, no egoísta, honesto
y verdadero, sin mentira, como reza la Tabla
Esmeralda.......
¿Por qué el hombre debe ayudar a
la Naturaleza? Porque ésta ignora la forma de
eliminar esa maldición, de purificar por sí sola la
mezcla de lo caído. Y es precisamente el hombre el
único que puede realizar esa función debido a que
“....el hombre ha recibido de Dios la plenitud de la
Ley y el conocimiento y revelación del Arte de
Separación” o como nos dice Nicolas Valois en
sus Cinco Libros respecto a la capacidad de la
Naturaleza que por sí sola: ".... ha intentado
por todos los medios hacer efectiva, pero sus
fuerzas no han sido lo suficientemente grandes y
reclaman el auxilio del Artista. Por eso se ha
dicho: Ayúdame y te ayudaré"
Así, el hombre se convierte en el
artífice único y capaz para emprender esa tarea
mediante el Arte, ya que "La Naturaleza comienza,
el Arte acaba y solamente el Arte purifica lo que la
Naturaleza no puede purificar" (La luz surgiendo por
sí misma de las tinieblas), puesto que al haber
sido creado el último día, resume en sí mismo todo
lo producido hasta entonces, por decirlo de alguna
manera, lo contiene.
Y si el Artista
operador o artífice, quiere proporcionar esa ayuda
deberá imitar en todo momento a la Naturaleza que va
a ayudar, en su simplicidad, honestidad y sencillez
de operaciones. Pero para ello debe recibir la
Gracia, el Don de Dios, que da a quien le place, el
cual en cierta medida se va obteniendo también al
ver cómo el trabajo va adelante, cómo se sigue en el
Camino y cómo, de nuevo, se aplica con deleite, a
pesar de los sacrificios sinsabores y esfuerzos
denodados, a la Obra.
Dios nos creó y creó la
Naturaleza toda, luego su Espíritu no sólo está en
nosotros "en medio de nosotros" como reza el
Evangelio", sino que también se encuentra en todo lo
creado. Por lo tanto sin Su gracia, sin que El así
lo quiera no podremos jamás realizar ese trabajo.
Mientras estemos sometidos aquí
abajo a este mundo corruptible, que cayó con
nosotros "por nuestra causa", no podemos prescindir
de lo material, es decir, de todo lo que la
Naturaleza nos ofrece generosamente por y para
nosotros. Ese es el gran error de los sofistas,
propios del supermercado espiritual de hoy en día,
donde todo lo que no sea espiritual o "espiritualizable"
no vale para nada, desvirtuando cuando no
manipulando groseramente los textos tradicionales
para adaptarlos a lo que "vende".
Por ejemplo, cuando aquí se habla
del Fuego, se suele diferenciar por mucha gente del
fuego físico, despreciándolo de forma a veces
enconada como si fuese algo malo, despreciable e
inservible. ¿Acaso el fuego que nos permite cocinar
nuestro alimento y dar calor a nuestros hogares debe
ser despreciado?,¿ es malo? Se habla también de que
ese Fuego o Espíritu desciende sobre nosotros y se
imagina algo etéreo y no palpable o visible cayendo
de no se sabe bien donde hacia no se sabe bien qué.
Sin embargo, ese Fuego o Espíritu
rodea nuestra tierra, nuestro hogar, nuestra casa y
permite que todo lo vivo aquí abajo se renueve y
siga viviendo, desde una humilde plantita hasta
nuestra propia vida.
Luego, la naturaleza nos ofrece
mediante diversos "cuerpos" ese Espíritu para que
podamos mantener la vida, sin el cual estaremos de
acuerdo, seríamos abatidos en el instante en que nos
faltase.
Somos polvo, estamos hechos de
materia y se nos formó y creó (no confundir estos
dos términos) el último día, como resumen de todo.
Un microcosmos que contiene todo el macrocosmos
creado. Adan da nombre a lo existente precisamente
porque contiene en sí mismo su esencia, puede
nombrarlos por eso mismo.
"Sigue a la Naturaleza" te
recomiendan y nosotros tan sutiles e inteligentes
como somos, pensamos en ¿qué nos habrán querido
decir?, ¿a qué naturaleza se referirán? ¿qué habrán
escondido en esa expresión?. La Naturaleza que nos
rodea produce miles de operaciones a diario
transformaciones, sublimaciones, destilaciones y
demás "ones", sin que necesite de nada en
especial, y sin embargo nosotros, meros aprendices
de brujo, en lugar de tratarla con cariño la
tiranizamos, en lugar de tomar lo que generosamente
nos frece, la explotamos. Disfrazando bajo un
lenguaje aparentemente enigmático nuestro “saber”
cuando en realidad todo se reduce a un “juego de
niños”.
La humildad, que en sentido
etimológico podríamos comparar con el humus o abono
natural, junto a la paciencia son la escalera y la
puerta que nos permiten pasar al jardín hermético, y
la Naturaleza es así, humilde y paciente, sin
prisas, sin exageraciones y sin embargo produciendo
a diario admirables adaptaciones de aquello que es
Uno.
Todo lo vemos “normal” incluso
“científicamente” explicable, hemos perdido la
maravilla, la capacidad de sorpresa ante lo
increíble, y, acaso, debamos volvernos como niños
para poder entrar a contemplar el espectáculo.
Vaciarnos, ser odres nuevos donde pueda producirse
la transformación del agua en vino....
¿Osaremos? |